La restauración del mural El agua origen de la vida y de la escultura mural y la fuente dedicada a Tláloc, incluyó la recuperación integral del espacio público que acoge estas obras. Para ello se consideró la restauración arquitectónica del edificio, la creación de una plaza pública emplazada a partir del cierre de la vialidad que cruzó durante décadas justo enfrente, así como la edificación de un talud que permite la observación de la fuente y del conjunto, considerando una  isóptica panorámica de la que carecía este importante monumento artístico desde el momento de su creación.

Esta intervención, diseñada por el arquitecto Alberto Kalach, incluye también la restauración de los cuatro tanques de almacenamiento y la cámara baja que se encuentran a espaldas del Cárcamo de Dolores, así como la intervención de toda la poligonal que los contiene, con una propuesta de arquitectura de paisaje que incluye el saneamiento forestal, el enriquecimiento de la paleta vegetal y la creación de cuatro jardines, de una hectárea cada uno, sobre las lozas que cubren los tanques.

Diego Rivera definía el estilo arquitectónico del Cárcamo como “Clásico Tolteca”, pues la planta del edificio y su estructura de columnas y bóveda central de inspiración románica es rematado con gárgolas dentadas como fauces de jaguar de estilo mesoamericano y en la parte trasera un recinto de piedra volcánica sostiene el edificio al que se asciende por una escalinata. Por ello, a partir de este mestizaje formal, el diseño del arquitecto Kalach del talud tiene la estructura y la función de un ágora pero también la apariencia de una pirámide: se trata de una interpretación, desde la arquitectura contemporánea del siglo XXI, de los conceptos que inspiraron la obra del arquitecto Ricardo Rivas en los años cincuenta del siglo pasado.

La restauración del mural y de la fuente de Tláloc fue realizada por el Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Inmueble ( CENCROPAM del Instituto Nacional de Bellas Artes); la primera intervención se realizó de 1992 a 1994 cuando fue necesario desviar el cauce del agua  y trazar nuevamente el piso que se había destruido totalmente y retirar el limo de los muros que afortunadamente no había dañado la pintura.  Diego Rivera utilizó pintura de poliestireno, material plástico de origen industrial que le garantizaba su perdurabilidad, sin embargo tras cinco años de estar permanentemente expuesto a la fuerza del agua, el mural se había deteriorado considerablemente.

En el 2010, con motivo de la recuperación integral del cárcamo, se restaura el edificio limpiando cantera, onix y mármol, gárgolas y lámparas; en el mural se colocaron los pequeños fragmentos de pintura que se habían desprendido; en la fuente se consolidaron y repusieron el 40% de las piedras y mosaicos del cuerpo de Tláloc que se habían desprendido, devolviéndole al conjunto la belleza y dignidad que tuvo cuando fue inaugurado.

A la integración de estos elementos (Fuente, Cárcamo, Tanques y Cámara Baja), que constituyen la desembocadura del Sistema Lerma-Cutzamal en la ciudad de México, y al diálogo del paisaje y la propuesta museológica de senderos interpretativos y visitas puntuales, le hemos llamado Museo Jardín del Agua.


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